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MENSAJES DEL PASTOR


¿EN QUIEN CREER?


Monseñor Luis G. Cabrera Herrera, ofm



Cuando se deja de creer en las personas o instituciones, se genera un ambiente de sospecha y decepción. Nada raro que, en estas condiciones, el caos no se haga esperar.

Cuán importante es entonces saber creer en sí mismo, en los otros y, para los creyentes, en Dios.

Creer en sí mismo significa ser consciente de las capacidades y posibilidades, como también de los límites y dificultades. Es el punto de partida para proyectarse y buscar los medios necesarios en orden a alcanzar las metas propuestas.

Creer en los demás es confiar en lo que nos dicen y prometen sin ver los resultados. Esta manera de creer, sin embargo, se nutre de su conocimiento y veracidad. Es lo que se conoce como autoridad científica y ética. Pero creer no solo es un acto de la razón, sino también una decisión y un compromiso.

Creer en Cristo, desde el punto de vista de San Juan, se desarrolla en tres etapas, sin excluirse por supuesto: ver-creer, creer-ver, no ver-creer.

a) Ver y creer

Más de una vez decimos: “Yo soy como Santo Tomas: si no veo, no creo”.

Los signos que realiza Jesús tienen como finalidad que las personas que las ven, crean en él. El punto de partida es la evidencia y la meta creer en él. Esto sucede, por ejemplo, en las bodas Caná: Las personas ven el agua transformada en vino y creen en Jesús. De la evidencia dan el salto al poder y a la bondad del que las realicen. (Cfr. Jn 2, 11)

b) Creer y ver

En un segundo momento los verbos se invierten. Si tú crees, verás cosas extraordinarias. Los sueños preceden a las grandes realizaciones. Este momento lo vive Jesús cuando se encuentra con Martha y ella le dice: si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Jesús le responde: yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque haya muerto vivirá. ¿Crees esto? Martha le contesta sí creo, pero resucitará al final de los tiempos. Pero Jesús le dice: ven y verás. (Cfr. Jn 11, 25-27)

c) No ver y creer

Este es el momento culminante del proceso de creer. No hay ninguna evidencia ni proyecto para creer; se trata de creer en su persona y de abrirse a lo sorprendente de la vida. “… dichosos los que creen sin haber visto”. (Jn 20, 29). No se trata de una fe ciega o un acto de irracionalidad. Es apostar por una persona concreta aunque no se vea nada más allá del presente.

Ver para creer, creer para ver y no ver para creer: Un itinerario que lo podemos recorrer también en nuestra vida cotidiana. Ver para creer: las obras preceden la credibilidad de las personas. Creer para ver: los sueños nos ayudan a proseguir adelante. No ver y creer es la máxima expresión de una fe madura en Cristo.


 
       
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