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REFLEXIONES


¿QUIÉNES SON LOS “POBRES DE ESPÍRITU”?

Padre Bolívar Jiménez Álvarez

¿Quiénes son los “pobres de espíritu” a quienes Jesús elogia y les hace una promesa: el “Reino de los cielos”?. Para responder con propiedad a esta pregunta y evitar confusiones y parcializaciones debemos primero plantearnos otra: ¿La pobreza es buena o mala? Y la respuesta es: las dos, dependiendo de la causa que la provoca. Es mala si es fruto de la injusticia social, en la que, por la perversión de unos pocos, la inmensa mayoría no puede disfrutar de la creación hecha para todos; es también mala si es causada por la ociosidad, que no es sino un desperdicio personal de los dones que Dios ha dado a cada uno para su propia realización. Es buena si es fruto de un auténtico desprendimiento porque reconozco que soy tan solo un lugarteniente de todo cuanto poseo para vivir con dignidad, no solo yo, sino también mi prójimo.
En atención a ello, los “pobres de espíritu” a los que S. Mateo se refiere son: por una parte, los pobres en el sentido material de la palabra, pero no por ser pobres solamente, sino porque teniendo conciencia de su situación, se esfuerzan por salir adelante con dignidad, poniendo al mismo tiempo la confianza en Dios, pues saben que están desamparados y que no tienen a nadie aquí en la tierra que defienda sus derechos; y por otra, como dice S. Agustín, los que no se apegan a las riquezas, ni confían en sus propias fuerzas, poderes y fortunas, y que están ─como manifiesta S. Juan Crisóstomo─, en actitud constante de un mendigo que implora de Dios la limosna de la gracia.
Entendida así la pobreza, es fuente de vida, de libertad y de alegría; sin que nuestro ego, sus pretensiones y reivindicaciones se interpongan. Ser pobres, aclara el biblista Philippe, es estar en la verdad de Dios, reconocer nuestra limitación radical de criaturas y también nuestra total dependencia de su amor, lo cual nos conduce a la humildad y al arrepentimiento, pero nunca a la tristeza o al desánimo. En la pobreza de corazón es muy importante no reclamar ni reivindicar nada por el bien que hemos realizado. El Salmo 94 es maravilloso para meditar en esta verdad. (boji@etapanet.net)
 
       
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